¿CUÁNTO SE PARECEN LOS PERROS A SUS AMOS?


Un labrador rietriever, un pastor alemán, un pastor inglés, un yorkshire, un galgo, un bóxer… Hay multitud de razas, cruces y mezclas distintas que representan la condición canina. Ahora bien, cada can en particular es distinto de sus compañeros en carácter, tamaño, aspecto y personalidad. A la hora de elegir una mascota nos decantamos por un tipo y no por otro y esa no es una elección al azar. ¿Por qué por ejemplo optamos por un chucho dócil? O ¿Qué motivo nos lleva a escoger un perro de gran dimensión? ¿Tiene todo eso algo que ver con nosotros? Es más ¿Se parecen los sabuesos a sus dueños?

No es curioso observar de qué manera, muy a menudo, una mascota se parece a su amo.
Sorprende ver cómo el aspecto, el carácter incluso el caminar se asemejan entre ambos. La psicología canina ha estudiado este extraño factor y diversos estudios han ido concluyendo interesantes datos. En primer lugar investigaciones presentadas en la Sociedad Británica de Psicología afirman que es posible prever la personalidad de alguien en función del perro que ha escogido. Los estudios revelan que las personas suelen tener más interés en aquellos perros que se asemejan en carácter y comportamiento al suyo. Pero como anunciaba al principio no solo la personalidad influye en esta elección, el tamaño también. Las personas inquietas, activas y dinámicas pueden tener especial predilección por un chucho pequeño. Esto no quiere decir que el resto de sujetos no tenga estas características pero sí que pueden ser factores influyentes.


¿Campo o ciudad? ¿En casa o fuera?

Parte de la personalidad del perro, va ligada al tipo de vida que lleva y las tareas que realiza. De esta manera no es extraño que elijamos a uno que contenga características con las cuales nos identificamos. Un perro pastor por ejemplo, puede ser el compañero fiel de sujetos extrovertidos y sociales, mientras que los perros con asistencia pueden representar a personas con mayor empatía. Aquellos canes camperos o que conviven fuera de la ciudad, como los galgos, pueden ser “hijos” de aquellas personas afables y generosas. De la misma manera hay perros que se eligen para la convivencia mientras que otros para la vigilancia u otros menesteres. Nuestro estilo de vida, nuestra manera de entenderla y nuestro modo de percibir el mundo determinarán si escogemos un perro más bien urbano u otro de campo.

Pero hay más. Numerosos estudios en diferentes universidades del mundo también han corroborado que la relación con el sujeto y su ideología política está relacionada con el tipo de perro escogido. Mientras que los liberales prefieren canes educados, los conservadores los eligen obedientes y leales. De manera contraria y por lo que respecta a los animales violentos o agresivos, los investigadores no encontraron una relación de carácter pero sí rasgos de personalidad tales como la antipatía, la introversión y personas desagradables.


Capacidad mimética

Cuando convivimos con alguien acabamos compartiendo hasta los mismos gestos. Eso no solo pasa entre humanos, también sucede entre los seres de cuatro patas y sus dueños. Los perros no distan mucho de nosotros. Ellos también son sociales y también disponen de habilidades imitativas y de la capacidad para sentir empatía y agradar a los otros. La manera en la que la los perros interactúan con sus amos, establece la base para esta capacidad.


En resumen; elegimos a aquellas mascotas que se asemejan a nosotros mismos. El perro tímido y dormilón no estará probablemente con alguien inquieto y aventurero. El quejica no escogerá a un manso y el patoso a uno que solo quiera correr. Diversidad de investigaciones científicas han estudiado cuánto nos parecemos a nuestros seres más o menos peludos. No es de extrañar entonces que uno con el otro no nos pase desapercibido.

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