viernes, 17 de febrero de 2017

EL SÍNDROME DE LA AMARGURA






Muchos de nosotros hemos compartido con una persona amargada. La amargura es una forma de depresión donde la persona se enfoca negativamente en el mundo exterior, pensando que ha sido tratado injustamente. Según el diccionario, la palabra amargura significa: Aflicción, sinsabor, disgusto, pesadumbre, melancolía. La amargura es el resultado de un resentimiento. Es el estado airado del corazón y del espíritu de una persona que ha guardado un profundo resentimiento y se ha rehusado a perdonar. Se vive una ofensa, al no perdonar, la ofensa se convierte en Ira o en dolor, y esta se convirtió en odio. Este odio se convirtió en amargura que es aflicción del alma. Nadie puede ser feliz o tener paz si su corazón está lleno de amargura. Cuando eso se da, el resultado es un corazón endurecido.

Los síntomas de las personas amargadas los podemos identificar, porque siempre están criticando, se están quejando, se sienten enojados, son volátiles, ofensivos, su autoestima está baja y les gusta hacer sentir mal a los demás. La amargura, puede transformar el carácter de una persona y su comportamiento reflejara negativismo, dureza, severidad, rencor y odio. ¿Conoce usted gente así?


La amargura se refleja en la persona que carga sobre sus hombros estas características dañinas y es una amenaza no solo para su desarrollo emocional sino para todos aquellos que le rodean, ya que la persona puede ser contaminada por esa persona amargada. Cuando una ofensa, una traición o una desilusión llena el corazón de una persona, puede afectar en forma negativa los sentimientos, pensamientos y acciones, transformándolo en una persona infeliz, resentida, atormentada y frustrada. Esta persona no se da cuenta de los daños que pueda estar causando a los demás, a través de sus palabras, acciones y actitudes. Esto le lleva a desconectarse de la gente y no considerar los sentimientos de los demás.

Algunos de los síntomas de una persona amargada se puede reflejar en su área, física, emocional y espiritual. Síntomas físicos: alta presión arterial, desordenes estomacales, problemas intestinales, insomnio, enfermedades cardiacas. Síntomas emocionales: ansiedad, amargura, depresión, temor, inseguridad, preocupación. Síntomas espirituales: perdida de la visión de la vida, perdida de su propósito, perdida de la fe.
Recuerde que la amargura es la suma de heridas, rechazos, resentimientos, frustraciones, iras y dolor.}

Recomendaciones para manejar la amargura:

1. Determine la causa principal de su amargura.
2. Perdone y perdónese.
3. Entregue a Dios sus deseos de venganza.
4. Renuncie a sus derechos de seguir aferrándose a sus heridas pasadas.
5. Hable de su enojo con Dios y con un consejero.
6. Considere los intereses de otros, hable y actúe con humildad.
7. Alinee sus pensamientos con la palabra de Dios.





Ten presente que tu amargura procede de tu modo de pensar e interpretar las situaciones. Por tanto, observa tus pensamientos y detecta cuándo están fomentando tu amargura. Luego trata de modificarlos por pensamientos positivos y constructivos. Con este artículo queremos crear conciencia que tenemos, que sanarnos, educarnos, motivarnos e influenciar a otros, para que mejoremos nuestra calidad de vida. Perdonemos y busquemos la oportunidad que nos trae los momento difíciles, porque detrás de cada adversidad puede haber una gran bendición.

lunes, 13 de febrero de 2017

CÓMO EVITAR QUE TU JEFE TE HOSTIGUE






El problema con los superiores que recurren al ‘bullying’ es que suelen adular a los mandos altos; si los denuncias, o incluso demandas, quizá salgas perdiendo, pero no significa que estés indefenso.


Cuántos de nosotros no hemos dicho alguna vez "Mi jefe es una pesadilla". Trabajar para alguien que constantemente critica todo lo que hacemos, que hace comentarios sarcásticos y hasta nos suelta uno que otro insulto irrepetible es más que difícil.

Si además nos hace trabajar extra porque las cosas se le ocurren en el último minuto y después nos culpa de "perezosos" ante sus superiores... es un sinvivir. ¿Qué hacer si queremos continuar y ascender en la compañía? ¿Hablamos con la persona que está por encima del jefe? ¿Nos callamos?

Si tienes un jefe así, estás ante el clásico matón de la oficina, alguien que repetidamente recurre al "abuso verbal, conducta amenazante, intimidación o humillación" así como al "sabotaje que impide que realices el trabajo" (¿recuerdas esos súbitos cambios en el plazo de entrega?).

La definición que acabo de dar proviene del Workplace Bullying Institute (WBI), una organización sin ánimo de lucro que investiga y capacita en temas de hostigamiento laboral. Tu problema no es inusual: cerca del 50% de los trabajadores estadounidenses reportan haber sido acosados por alguien en el trabajo o haber presenciado en el trabajo cómo se maltrataba a otra persona, de acuerdo a un sondeo elaborado el año pasado por el WBI y aplicado a 4,210 adultos. 

Otro estudio realizado el mes pasado por el sitio laboral CareerBuilders reveló que 27% de los empleados estadounidenses han experimentado alguna forma de acoso en el trabajo. La gran mayoría "nunca confrontó o reportó" al agresor.

El informe del WBI muestra que cerca de tres cuartas partes (72%) de los acosadores o "matones" (bullies en inglés) son jefes, y una de las razones por las que su conducta no tiene consecuencias es porque, en la mayoría de los estados, abusar de los empleados no es un acto ilegal a menos de que el maltrato se base manifiestamente en la edad, el género, la raza o la religión. De allí que la situación evada los radares de los departamentos legales y de recursos humanos de las empresas.

Eso, sin embargo, está cambiando. Hasta ahora, 21 entidades de Estados Unidos han aprobado leyes contra el acoso laboral, y más de 11 estados están considerando medidas judiciales.

Pero volvamos a tu caso: si vives en un lugar donde el bullying o acoso laboral no es ilegal, demandar a tu jefe quizá no sea la mejor solución. Tampoco lo es quejarte con su superior, si es que hay una persona que está por encima de él (o ella). Para empezar, tu jefe encaja en el perfil del que adula a los de arriba y ofende a los de abajo, y procura causar una buena impresión a los altos jefes.

"Los matones se introducen en las compañías disfrazados de individuos muy cualificados que ofrecen alto rendimiento", explica Gary Namie, responsable del WBI. En otras palabras, seguramente tú seas percibido como alguien más indispensable que él. Esa es quizá la causa de que en el estudio de 2007 conducido por el WBI el 53% de los empleadores no hicieron nada cuando un trabajador reportó a un jefe acosador. Y en el 24% de los casos la persona que se quejó fue despedida.

¿Qué hacer entonces? Primero, como quieres continuar en esa compañía, comienza a buscar oportunidades (o si pueden darse pronto) para que te reubiques en otro lugar fuera del alcance del hostigador. Conoce a gente de otras áreas de tu empresa donde podrías trabajar, y mantente informado de las vacantes laborales. Sólo saber que no trabajarás para ese jefe toda la vida puede ayudarte a soportarlo.
Namie, quien también co-escribió el libro "The Bully at Work: What You Can Do to Stop the Hurt and Reclaim Your Dignity on the Job", ofrece otros tres consejos para proteger tu integridad mental -y estomacal- del jefe matón:

1. Ignora los berrinches. Una forma de mantenerte sereno cuando tu jefe comience a gritar es repetir un mantra en tu cabeza, como "Ignora la ira. No es tuya". Otra forma de abordarlo es "sencillamente pensar en algo de la apariencia física de tu acosador que más te parezca risible", sugiere Namie. Centrarte en su cómico corte de pelo o en sus grandes orejas "puede ayudarte a mantener la calma" porque "no lo estás tomando demasiado en serio".

2. Evalúate objetivamente. Los matones son muy hábiles para saber exactamente cómo "hacerte sentir incompetente o que no vales nada", comenta Namie. "Cuando uno sufre críticas constantes que atacan tanto tu trabajo como tu valía, es difícil no creer que tienen razón".

Para contrarrestar ese efecto, necesitas a un buen amigo o un aliado respetado en el trabajo "que pueda ayudarte a determinar si algunas de esas críticas son útiles para tu trabajo. Cuáles son válidas, cuales son erróneas, mal informadas, mal intencionadas o simplemente infundadas".

3. Recluta simpatizantes. Si hay otros colegas que también son hostigados por tu jefe, intenta sondearlos sobre el problema, aconseja Namie. "¿Están dispuestos a participar juntos en una lluvia de ideas sobre posibles formas de mejorar la situación, sin que haya uno que se enfrente solo al jefe?"

Namie advierte que, incluso contando con un grupo de colegas acosados, posiblemente no podrás transformar la conducta de un jefe matón. Después de todo, le ha funcionado muy bien esa actitud. Pero al menos, en el grupo unos a otros se dan apoyo moral para aguantar hasta el día en que no trabajes más para ese tipo.

Buena suerte!!!

domingo, 12 de febrero de 2017

¿CUÁNDO TE HACE FELIZ UNA RELACIÓN DE PAREJA?





Solo busco a alguien que me haga feliz”, suelen decir muchas personas, cuando se les pregunta qué buscan en una relación de pareja. Es curiosa dicha argumentación, ya que parece que se pose en el otro la esperanza de la propia felicidad. ¿Se puede esperar a que alguien te haga feliz? Por no exigir, se exige mucho, hasta el punto de ahuyentarse de la propia responsabilidad, creando una expectativa no solo poco realista, sino también peligrosa. Plantearse una relación con este objetivo suele generar una gran fuente de conflictos y frustraciones. Con ello no digo, que nuestros deseos no aspiren al bienestar junto a alguien. Por supuesto que no buscamos que nos hagan infelices, pero hay que tener presente que no podemos esperar a que llegue alguien y éste sea capaz de adentrarnos al paraíso como si de su cometido se tratará. Para tocar el cielo, hay que estar en el cielo, pues desde la tierra solo nos rodeamos de tierra.

El primer conflicto que nace en una relación de pareja es el establecido por uno mismo. Esto es; la concepción de lo que se espera, es en primer lugar el punto clave de lo que vendrá después. Si como decía al principio, yo espero que alguien me haga feliz, probablemente me sentiré muy frustrado cuando vea que tengo una persona al lado, tan humana como yo, la cual no puede suplir mis carencias y descontentos conmigo mismo. Así pues, hay que ser realista con los anhelos y aspiraciones a la hora de establecer vínculos. Quizás es más acertado cambiar las exigencias, por otras menos demandantes y que conlleven paz individual. Podemos planteárnoslo por ejemplo como  " yo, que me siento feliz, me gustaría compartir la felicidad con alguien", O "sé que nadie curará mis heridas por mucho amor que me dé, pues es mi responsabilidad que las sane yo".


En segundo lugar, para que una relación de pareja sea fructífera, hay que aceptar que no la necesitas pero que la eliges. Necesitar es dejar de ser libre, elegir es una opción. Si te exiges que "deben amarte”, no solo es posible que fracases en la búsqueda sino que crearás malestar, ansiedad y provocarás lo contrario a lo que anhelas. Si lo tomas como una elección, como algo que deseas sin que ello te limite como una necesidad, entonces gozarás de dicha libertad. De igual manera es importante tener claro que solo atraeremos aquello que reflejamos. La negatividad atrae a la negatividad y el optimismo al optimismo. Mostrarnos generosos atraerá a una persona que aprecie esa cualidad.

Lo dicho hasta ahora es necesario y básico para poner cimientos. Todo empieza por uno mismo, aunque el sueño del amor romántico, estipule otra cosa. El amor maduro, nace en primer lugar del amor a uno mismo, de lo que uno puede dar y ofrecer y de lo que uno merece recibir y no de lo que uno necesita o debería. Para establecer lazos sanos, hay que empezar por el principio. Y el principio, radica en cada uno de nosotros en particular.


Por otra parte, para ser feliz en una relación de pareja, es necesario saber que debes aceptarla. Somos un pack, donde no podemos quedarnos con lo que más nos guste. Enzarzarnos a la negación de ciertas partes del otro nos lleva a la frustración, a la tristeza y al desamor. Todos tenemos partes menos agradables que otras. Saber que en una relación estarán presentes, es apostar por un amor maduro y realista.


¿Cuándo te hace feliz una relación de pareja? Cuando trabajas con tu parte de responsabilidad, cuando aceptas con madurez, cuando eliges y dejas de necesitar, cuando comprendes que solo pueden hacerte felices cuando tú estás feliz (y no esperando que te saquen de tu "desgracia"). Y el ¿otro? ¿No interviene para nada en tu felicidad? Por supuesto, pero a menudo no nos damos cuenta del poder que tenemos cada uno de nosotros mismos para destruir aquello, que podría ser maravilloso de hacerlo consciente y de manera responsable. Si tú no eliges, no aceptas, y solo esperas, no serás feliz, por mucha pareja que tengas al lado.

viernes, 3 de febrero de 2017

PERDONAR NOS HACE ESTAR MÁS SANOS Y FELICES… EL RENCOR NOS MATA.




Nuestra vida y sus circunstancias, nuestras relaciones con los demás, la manera en la que nos afrontamos a las pérdidas y a las frustraciones, nuestra percepción de nosotros mismos y nuestra autoestima, nuestra capacidad de resilencia, y nuestro particular modo de interpretar las cosas que vivimos y sentimos determinan en gran medida nuestra salud física y psicológica. Vivir en la queja, en el resentimiento, en la negatividad y en el rencor no solo nos produce malestar sino que también nos hace enfermar. Pero está claro, nos pasan cosas. Vivimos y por lo tanto sentimos. Las emociones positivas nos producen bienestar y nos hacen sentir felices pero las emociones negativas nos producen dolor. Es inevitable vivir emociones negativas pero es evitable hacerlas más dramáticas y dañinas. No es teoría sí práctica. Una práctica interna que nos aporta más beneficios que desventajas. De entre todas las cosas que sentimos, hay una que nos aporta mucha salud, que nos libera y que nos hace ser más felices. Ésta es la de perdonar. No se trata de “ir poniendo la otra mejilla” se trata de aprender a aceptar y aprender que no somos mejores que los demás.


La psicología me apasiona en su totalidad, pero el tema del perdón me entusiasma especialmente por su complejidad. Cuando nos sentimos dolidos desatamos nuestra fiera interior. Cada cual a su manera pero en todos los casos en una manera lacerante. Perdonar no nos resulta fácil y los sentimientos negativos asociados al perdón son muy peligrosos para nuestra salud psicológica. En ocasiones, cuando trato este tema en pláticas, veo como el veneno del rencor, la rabia y el odio se apoderan rápidamente del sujeto creando un bucle destructivo y desolador. Y eso al único lugar al que nos lleva es al de crear sentimientos tóxicos para nosotros. Ciertamente es un tema delicado, que requiere de dedicación y esfuerzo pero que yo, considero básico para nuestra felicidad. Perdonar es soltar y soltar nos hace libres.

Everett Worthington es un prestigiado psicólogo, investigador y catedrático de la Universidad de Virginia. Sus más de veinte libros escritos y sus investigaciones acerca del perdón y la reconciliación entre parejas y familias han traído la victoria a muchas personas. Este célebre autor distingue entre dos tipos de perdón. El perdón decisional, que es aquel que “implica la decisión de perdonar una ofensa personal, dejar ir los sentimientos negativos hacia la persona que le hirió”. Suele utilizarse en la reparación y en la reconciliación de las relaciones, y el perdón emocional “que implica la sustitución de sentimientos negativos por otros positivos como la simpatía, la compasión y la empatía”.

Según las investigaciones de Everett, está demostrado que este segundo tipo de perdón, el perdón emocional, trae beneficios para nuestra salud física tales como una reducción del estrés, fortalece el sistema inmunitario y reduce los problemas cardiovasculares. De manera contraria el resentimiento es muy perjudicial para nosotros ya que eleva el riesgo de infarto y el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, debilita el sistema inmunitario, eleva los niveles de cortisol, afecta a las funciones digestivas y sexuales y“estadísticamente las personas con resentimiento mueren antes”. Nuestra salud mental no es menos y ésta también se ve afectada. Ante el rencor pueden darse trastornos de ansiedad, depresión, incluso un trastorno obsesivo compulsivo.

Everett afirma que se puede aprender a ser más tolerante y para ello ha diseñado un programa de cinco pasos para llegar a alcanzar el perdón emocional. ¿Su método? El proceso REACH, que ha alcanzado el éxito en más de veinte estudios científicos controlados. Las siglas de este procedimiento encierran una práctica sanadora:


·         R de recordar; Este primer paso consiste en recordar lo sucedido sin victimismo. Se trata de rememorar con la mayor objetividad posible. No desde “pobre de mí lo que me han hecho”, sino tomando conciencia de que ha sucedido algo, e intentando minimizar el impacto del hecho.

·         E de empatizar; Intentar entender los motivos por los cuales la persona ha hecho lo que ha hecho, reparando al mismo tiempo en la responsabilidad propia. La empatía empezará a ayudar a sanar la herida

·         A de altruismo; Entregar el perdón como un regalo, de manera desinteresada. Aquí nos puede ayudar pensar en cuando nos perdonaron a nosotros alguna vez (un padre, un amigo, una pareja...) y ahora hacer tú lo mismo. Devolver el regalo a alguien que te ha herido. No nos ayudará cerrarnos en nosotros mismos y tratar de entender. Sí nos ayudará ofrecer, dar, regalar el perdón y ello nos traerá asociados sentimientos positivos y más constructivos para nosotros.

·         C de compromiso; comprometerse con uno mismo con ese perdón. Puede ayudar escribirse una nota a uno mismo y poner algo así como “hoy he perdonado a tal persona” y no solo me comprometo con ello, sino que al mismo tiempo me libero y también me estoy perdonando a mí mismo por sacarme de encima ese peso.

·         H de Hold (aferrarse a él); Sostenernos en el perdón. Ya que probablemente vendrán momentos en que dudemos de si hemos hecho bien en perdonar. Ya hemos perdonado y por lo tanto tomamos nos aferramos a no tener sentimientos negativos ante ello.






Por otra parte, el catedrático también distingue entre los “delitos”, más difíciles de perdonar, trabaja con la reconciliación de parejas y familias y nos acerca al perdón en las religiones. Más de doscientos artículos escritos abogan la práctica del perdón en todas nuestras vivencias. Tampoco se olvida de tratar el auto perdón como parte esencial de liberación y crecimiento. “Creo que las personas no perdonan a menudo”  Él se ha propuesto divulgar por el mundo este ejercicio. Tras una vida personal en la que ha tenido que pasar por el mismo proceso dice; “perdonar sana”  No cabe duda que estar en paz con el rencor, es estar en paz con uno mismo y eso de por si ya es saludable.

miércoles, 25 de enero de 2017

¿POR QUÉ AQUELLO QUE TANTO TEMO, AL FINAL SUCEDE? : PROFECÍA AUTOCUMPLIDA





María piensa que su novio la dejará. No hay motivos para ello, pero ella lo cree firmemente. Sus miedos boicotean la relación hasta llegar al objeto temido; su novio la deja.

Roberto ha estudiado para el examen pero se auto convence que suspenderá. Su inseguridad lo sostiene y en su intento (ficticio) de aprobar, saca al fin mala nota.

Carlos mantiene la creencia de que su compañero de trabajo lo detesta. En su convicción, el compañero termina no saludándolo.




La profecía autocumplida es sin duda una de mis teorías preferidas. En estructura psicológica es perfecta. Nada sucede por casualidad y más cuando de creencias se trata. ¿Por qué aquello que tanto tememos al final termina sucediendo? ¿Por qué nuestras convicciones tienden a darnos la razón aun cuando deseamos que ocurra de manera contraria? Está claro, el ser humano tiene esa extraña tendencia a confirmar sus autoconceptos (teoría de la autoverificación, Swann, 1987).
Robert K. Merton fue un sociólogo estadounidense que investigó y acuñó el término de “profecía autocumplida”. A través de sus estudios y observaciones llegó a demostrar el proceso por el cual una persona es capaz de confirmar su propia creencia con el modo de comportarse. Las creencias pueden ser positivas o negativas y éstas generan comportamientos fieles a la propia autoconvicción. En los ejemplos anteriores vemos como los sujetos de alguna manera esperan la respuesta que ellos han ideado. Puede que el novio de María la ame mucho pero si en su intento de acercarse a ella, la muchacha cree que no es amada, hará lo posible para confirmar sus temidos deseos. Lo mismo pasa con Roberto a pesar de que se sepa la lección o con Carlos aun sin saber qué concepto tiene de él su compañero de trabajo. En resumen podemos decir que esta teoría es una falsa definición (pero definición al fin y al cabo) que llega a convertirse en verdadera como modo de demostrar que estábamos en lo cierto. Si por ejemplo nos empeñamos en pensar que nadie nos querrá porque no valemos lo suficiente para que nadie nos quiera, actuaremos como tal, haciendo que aquello que tanto evitamos, acabe sucediendo.
A menudo, escuchando a la gente me pregunto por qué hacen todo lo contrario a lo que realmente desean. Existe un sabotaje oculto hacia uno mismo que desvía toda atención a canalizar lo que uno anhela de verdad. Lo que está claro es que no solo somos nuestro peor juez sino que la manera en la que nos juzgamos se traduce en nuestros actos, nuestras conductas y al final aquello que tanto tememos, lo atraemos y con la atracción se llega a la realidad. Una realidad que fue temida pero firmemente convencida.
Imaginen ustedes qué poder tenemos a la hora de pensar y a la hora de convencernos de que algo (bueno o malo) va a suceder. A partir de una creencia cualquiera tendemos a tratar a esa persona o situación de la manera que coincida con ella y en consecuencia esa persona o situación responderá a nuestra confirmación. Repito; en estructura psicológica me parece algo perfecto.






¿Soluciones?

Detecta tus pensamientos. Detente a reflexionar sobre cómo estás pensando acerca de algo o alguien. Intenta diferenciar entre el miedo y la realidad y fíjate en las creencias limitantes que sostienen aquello que temes. No hay nada con más poder que el pensamiento a la hora de actuar de acuerdo con él. Si estás preparado para un examen ¿por qué no vas a aprobarlo? Uno debe diferenciar el miedo al fracaso de la convicción del fracaso. Del mismo modo ¿Por qué no puede ser que mi pareja me ame? Si sostengo que se irá de mi lado, con mi conducta marchará rápido. De manera contraria si confío en que todo saldrá bien, pondré todo mi pensamiento, mi actitud y mi comportamiento en que así suceda. Si Carlos cambia su parecer respecto a su compañero de trabajo y cuando llega por la mañana le da los buenos días con una sonrisa, probablemente el compañero no le negará el saludo. ¿Magia? No. Las cosas suceden pero nosotros somos los que hacemos que adopten una realidad u otra. No puede ser de otra manera. Las cosas no son como son, son como somos.


miércoles, 18 de enero de 2017

LOS "DEBERÍA" QUE ME IMPONGO, ME HACEN INFELIZ.







A menudo me pregunto por qué sufrimos tanto. Somos privilegiados en muchos aspectos de nuestra vida pero todo y así sufrimos y ¡mucho! a veces hasta desgastarnos emocionalmente, paralizarnos y llegando a perder todo el sentido a nuestra vida. Sufrimos porque un proyecto no ha salido como esperábamos, sufrimos porque una persona no nos quiere, sufrimos porque las cosas no nos salen como nos gustaría…en definitiva; sufrimos. ¿Y por qué tanto? ¿Por qué de esta manera?

En primer lugar cabe decir que el ser humano tiene la especial habilidad para alojar hábitos mentales autodestructivos en su mente. Las experiencias negativas las interiorizamos de tal manera que dejamos que formen parte de nuestro yo. Como añadido las exageramos en nuestra preciada cabecita dándoles un poder capaz de demolernos. Por consiguiente, nuestras emociones adquieren un tono negativo y nuestras conductas siguen los mismos pasos. Aquí nos preguntamos el por qué y si es posible encauzarlo de otro modo.

Siguiendo al prestigioso psicólogo Albert Ellis, podemos entender porque este mecanismo de pensamiento se vuelve irracional y tan nocivo para nuestra salud. El autor distingue entre las emociones saludables de; tristeza, enojo y frustración a las patológicas de ansiedad, culpa y vergüenza. Dicho de otro modo; cualquier persona puede sentirse triste porque por ejemplo ha sufrido una decepción, pero de esa persona dependerá que esa emoción tome dimensiones mayores llegando a la ansiedad y al sufrimiento extremo. Parece fácil, lo sé, pero tiene una sencilla explicación y ésta alberga un pequeño secreto que radica en los deberías y en las autoexigencias.

La cuestión principal reside en que no nos permitimos fallar, más bien nos sentenciamos por ello y vamos por la vida con imposiciones del tipo; debo ser feliz” “tengo que conseguir…”, “no puedo equivocarme en esto…”.  Del mismo modo, solemos esperar de los demás y del mundo en general una respuesta rígida. Esto es; “él/ella no puede decepcionarme…”, “él/ella debe…”, “todo el mundo necesita…” Díganme ustedes: ¿qué emoción cabe esperar tener si nos imponemos constantemente no fallar y de repente fallamos? Está claro; el resultado es el castigo, nuestro castigo. Ni más ni menos y no viene de fuera sino precisamente de dentro, del interior de nosotros mismos y de nuestro discurso cognitivo.



Si nos fijamos; pensar en términos impositivos y absolutistas del tipo “debo” no nos deja espacio para la libertad de elección ¿Cómo sería cambiar estas imposiciones por otras menos dogmáticas? Por ejemplo; “me gustaría ser feliz, pero si hay momentos en los que desfallezco, no ocurre nada malo” o “sería fantástico conseguir este puesto de trabajo pero si no lo consigo no hay motivo para no buscar otro” Ellis considera relevante reemplazar esta “filosofía demandante” de vida, por una “filosofía preferencial” con metas que nos motiven y no con metas que nos sentencien.

                                                                                                            

A parte de nuestras necesidades básicas (alimento, bebida, descanso…), lo demás no es indispensable,  tengamos la extraña habilidad para hacerlo imprescindible. Cometemos el error de traducir nuestros placeres (por ejemplo conseguir un anhelo) en tensiones (si no lo consigo perderé mi bienestar), nuestros entretenimientos (ir al gimnasio, leer un libro…) en obligaciones (si no lo hago significa que me descuido a mí y a mis espacios) y nuestras metas (ascender en el trabajo) en ansiedades (soy un perdedor por no haberlo logrado) ¡Peligro! Pues no hay mayor precipicio que el de nuestros pensamientos, que nos guste o no, son los que nos hacen caer o por el contrario visualizar que solo se trata de pequeñas piedras superables en el camino.

jueves, 12 de enero de 2017

INTELIGENCIA EMOCIONAL; LA AMÍGDALA Y EL MANEJO DE LAS EMOCIONES.





¿Qué es ser inteligente? El famoso coeficiente intelectual queda lejos para determinar esta cuestión. Ya en 1983, Howard Gardner revolucionó el ámbito psicológico con la teoría de las inteligencias múltiples Su modelo, que dio la vuelta al mundo, propuso siete tipos de inteligencia. De esta manera, quedó anticuada la idea inicial del CI y se pasó a dar más importancia al talento en los diferentes ámbitos que un individuo pueda poseer. Dentro de los tipos que Gardner expuso hay dos que hacen mención al terreno personal e interpersonal. Ahora bien, no fue hasta 1995, cuando otro psicólogo de los grandes, Daniel Goleman, aportó una idea que completa el conjunto. Su best seller; Inteligencia emocional nos hace entender un nuevo modo de ser inteligente. Un modo muy importante que sirve en el terreno personal, interpersonal y social. En definitiva; una buena manera de ser inteligente o en palabras del autor; “una manera distinta de ser inteligente”.

La amígdala; la encargada de las cuestiones emocionales.

La amígdala es la responsable de nuestras emociones. Su desaparición, nos impediría el reconocimiento de los sentimientos, por lo que nuestra vida sería aburrida y sin sentido. Gracias a ella podemos comprender nuestra vida emocional. Las conexiones existentes entre la misma y el neocórtex proporcionan el equilibrio perfecto entre la razón y la emoción. Esto es; entre el pensamiento y el sentimiento, y en ese ir y venir, ambas trabajan juntas para dar sentido a nuestras decisiones vitales. Con todo ello y según su conglomerado ahora nos preguntamos; ¿Las emociones pueden ser inteligentes? ¡Por supuesto! Y ahí entra el asunto que hizo famoso a Daniel Goleman. Veamos…

Inteligencia emocional; cómo manejamos nuestras emociones y las de los demás.

El autor del citado best seller nos propone cinco componentes básicos para aprender a ser emocionalmente inteligentes. El primero de ellos hace referencia al AUTOCONTROL. Esto es; al conocimiento de las propias emociones. Esta es la piedra angular de la inteligencia emocional; la capacidad para reconocer un sentimiento en el mismo momento que ocurre. No tener esta aptitud nos deja a merced de los mismos. Las personas que reconocen mejor sus emociones, suelen dirigir mejor sus vidas, ya que tienen un conocimiento seguro de sus sentimientos y de lo que desean realmente.

El segundo componente hace referencia a la GESTIÓN DE LAS EMOCIONES. La conciencia de uno mismo es una habilidad básica para manejar los sentimientos y que estos se expresen de manera adecuada. Es importante aprender a gestionar las emociones, sobre todo las negativas. Poseer esta habilidad hace que nos recuperemos mejor de los contratiempos de la vida. Al mismo tiempo, esta gestión será beneficiosa para nuestras relaciones interpersonales.

LA MOTIVACIÓN es el tercer componente que propone Goleman. La capacidad para motivarse a uno mismo y funcionar con objetivos nos aventaja. La emoción tiende a impulsar una acción. De este modo, adentrarnos a un logro representa prestar atención, manejarse y ser creativos. En palabras del autor, “si somos capaces de sumergirnos en estado de “flujo” estaremos capacitados para lograr resultados sobresalientes en cualquier área de nuestra vida”.
  
LA EMPATÍA se sitúa en el cuarto lugar. El reconocimiento de las emociones ajenas es la base del altruismo y es una habilidad muy relevante para la vida de las emociones. Las personas empáticas sintonizan con lo que el otro necesita y/o desea. Pero es la conciencia de uno mismo donde se desarrolla la empatía. Pues cuanto más abiertos estemos a nuestras propias emociones, mayor será la destreza en la comprensión de los sentimientos de los demás. Esta capacidad para entender al otro, nos ayuda en muchos aspectos de nuestra vida.

EL CONTROL DE LAS RELACIONES es el quinto y último elemento. La percepción social, es decir el arte de establecer buenas relaciones con los demás es también relevante para la inteligencia emocional. Saber identificar cuáles son las claves necesarias para interactuar con los otros y que se sientan bien, es una habilidad que implica el manejo de las emociones ajenas.





Sin duda, ser inteligente no corresponde a tener un CI alto. Conocerse y saber interactuar con el mundo es una habilidad que también nos hace ser inteligentes. Carecer de esta capacidad puede traer efectos dañinos para nuestra salud física y psicológica y contrariamente; ponerla en práctica, puede traernos numerosas ventajas en muchos aspectos de nuestro día a día.