jueves, 24 de noviembre de 2016

"LO QUE ESPERO..." No expectations, No disappointments.


“intuyo que me está preparando una sorpresa”, “a ver si es el regalo que le pedí”, “el examen salió para un 8, a ver la nota”, “hoy que es mi cumpleaños, saldremos todos a cenar”, “seguro que me deja y se va con otra”, “seguro que he suspendido otra vez”…






Esperamos, esperamos muchas cosas, porque las deseamos, porque las intuimos, porque las tememos o porque simplemente esperamos que sucedan al tener indicativos de ellas pero… ¿Qué ocurre cuando estas expectativas no se cumplen? Algo en nosotros parece descuadrar. Habíamos puesto ilusión en que algo sucediera pero de repente ese anhelo se trunca con una respuesta diferente. Probablemente, no solo la desilusión se instaurará en nosotros, sino también la frustración. De modo contrario si esperamos algo malo y el resultado es bueno, nos aliviaremos y nos alegraremos ¿Qué pasa con todas estas expectativas? ¿Quiere decir entonces que esperamos demasiado? ¿No debemos esperar? Incluso yendo más allá ¿Qué papel tienen los otros en nuestras expectativas?

La decepción, es un término que va muy ligado al fracaso de unas expectativas concretas. Constantemente en nuestras vidas depositamos esperanzas en que las cosas salgan bien, ya sea en el trabajo, con la pareja, con la familia o con cualquier cosa importante para nosotros. En psicología, el término decepción, está relacionado con el término “recompensa esperada” y la expectativa estaría relacionada con la cognición, que encierra una idea de anticipación y que predice un acontecimiento futuro. Pocas veces entonces, nos damos cuenta de lo que ello significa. Me explico; si pensamos racionalmente, no podemos predecir el futuro, aunque las personas tengamos tendencia a anticipar hechos y seamos capaces de atribuir suposiciones. La “certeza” está en nuestra mente, pero no en los hechos concretos que suceden normalmente.

Está claro, que la expectativa se alimenta de algo que la sustenta, de lo contrario hablaríamos de esperanza por lo que nos referimos a previsiones, anticipaciones y predicciones pero no nos equivoquemos; no hablamos de certezas ni seguridades y de ahí que las desilusiones tengan su justificación. Solemos quedarnos con la parte que nos interesa, con lo que nosotros habíamos ideado y esperado sin detenernos a pensar en que solo estábamos intuyendo y deseando. En definitiva; anticipando una respuesta, buena o mala, lo único que hacemos es idear y a menudo, quitándonos responsabilidad. Es interesante entonces detenerse a pensar de qué manera esperamos cuando anhelamos algo y de qué manera igualmente esperamos cuando tememos algo.

Las expectativas, van muy ligadas a “la profecía autocumplida” y no deja de ser nuestra cognición, nuestro pensamiento el que atrae a los hechos, pues previamente en nuestra cabeza hemos estado cavilando acerca de ellos y de alguna manera hemos impulsado a que sucedan. En esta línea y dando un paso más, veamos ¿Qué pasa con los otros en cuanto a expectativas se refiere? Aquí la Psicología presenta el conocido “efecto Pigmalión”, (Rosenthal y Jacobson, 1968) llamado así por la leyenda de un rey que se enamoró de la propia estatua que él mismo había esculpido y que pidió a los dioses que le otorgaran vida. Venus, le concedió el deseo. Con ello, la psicología usó esta historia para referirse al proceso mediante el cual las creencias y expectativas de una persona respecto a otra afectan de tal manera a su conducta, que la segunda tiende a confirmarlas. ¿Qué quiere decir exactamente esto?
Expliquemos; Como seres sociales que nos relacionamos, de alguna manera, día tras día y de manera consciente e inconsciente respondemos a lo que los demás esperan de nosotros, lo que significa que a menudo cuando recibimos las altas expectativas que los demás ponen en nosotros, actuamos a favor de su cumplimiento. Muchos estudios, han confirmado este efecto; la perspectiva de un suceso, tiende a facilitar su cumplimiento. De la misma manera y por poner un ejemplo cotidiano, en lo que se refiere a la relación social fijémonos; la predisposición a tratar a alguien de una determinada manera queda condicionada en menor o menor grado por lo que nos han contado de ella. 
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No es raro entonces encontrar casos como este;

Cristina- Tengo que presentarte a un amigo, Carlos, te va a encantar, es alto, guapo, cariñoso…haré una cena, ya verás yo creo que te va a gustar.

Natalia- ¿de verdad? ¿Tú crees?

Después de la cena, Natalia y Carlos empiezan a salir. ¿Es tan guapo, tan alto y tan cariñoso como dijo Cristina? Tal vez una fuerte expectativa hizo que Natalia apreciará con muy buenos ojos a ese chico del que tanto le habían hablado…
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En resumen; las expectativas vienen determinadas por nuestra cognición y a menudo actúan como “profecías autocumplidas” (las profecías tienden a realizarse cuando hay un gran deseo que las impulsa, al igual que el miedo provoca que se produzca lo temido) y finalmente El “efecto Pigmalión” explica la actuación a partir de las expectativas de los demás. Es curioso que como seres humanos depositemos tanta fé en hechos que todavía no han ocurrido pero es así. Ahora solo falta reflexionar cómo nos afectan esos hechos, qué tenemos que ver nosotros (nuestros pensamientos) para que ellos sucedan y cómo debemos tratar las consecuencias, pensando racionalmente y otorgándonos la responsabilidad que tenemos acerca de nuestros miedos y anhelos. Acabaré con un ejemplo divertido, tal vez para dar paso a la reflexión de lo que supone ser conscientes de nuestros deseos y pensamientos y de los cuales, los demás no son responsables de ellos.

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- cariño, mira que bolso, ¡¡es precioso!!! –le dice Carla a Marcos con la ilusión de que éste se lo regale.
- sí, muy bonito, venga vamos que llegamos tarde –dice Marcos apresurado.

El bolso nunca llegó a lo que Carla atribuyó como una desilusión para describir a Marcos como poco detallista. ¿Tiene Marcos la culpa de la desilusión de Carla..?
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Seamos responsables y dueños de nuestros deseos y decepciones que no tienen que ver con los demás y que solo las hemos creado en nuestra mente. Todos esperamos cosas pero sepamos poner límites a ellas cuando éstas no suceden.





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Bibliografía

Pigmalión en el aula. R.Rosenthal., L Jacobson (1992) Nueva York

martes, 22 de noviembre de 2016

¡¡REBAJAS!! ¿Por qué nos gustan las ofertas?



“Pague una y llévese dos”
“Pantalón a $199.99”
“Inscripción gratuita hasta fin de mes”
“Por la compra de un gel, le regalamos la crema corporal”
“REBAJAS”

Da igual la época del año y del producto que se trate. Lo que está claro es que nos gustan las ofertas. No en vano, las estrategias de marketing atraen nuestra atención con productos que acaban en X’99, haciendo que asumamos que el precio es más barato. Tampoco es casualidad que a menudo, los euros aparezcan en pequeño y que se resalten los céntimos (cuestión visual que hace que se nos incite a percibir menor importe). Está claro que el azar aquí no existe. Todo está estudiado, para inducirnos a la compra. Pero ya no solo hablamos de estrategias de venta para llegar a nuestro bolsillo, sino que también hablamos del placer de adquirir elementos a bajo coste. ¿Por qué sucede? ¿Qué experimentamos? Y ¿Qué importancia tiene a nivel social?

Somos seres sociales. Como tales; nos comunicamos, compartimos aficiones, tradiciones, éxitos…y también nos comparamos. El consumismo de nuestra sociedad, está ligado a la competitividad. Comprar, no solo está bien visto, sino que obtener el mejor precio nos deja en una posición de triunfo. ¿Y a quién no le gusta ganar? Parece que lo de ir de rebajas o encontrar un saldo cuando menos lo esperas, nos crea la satisfacción de haber encontrado algo ÚNICO y ello nos hace gozar de una gran excitación emocional. Tanto es así que lo importante ya no es el objeto en cuestión, sino que lo que más nos place decir es; “¿a qué no sabes cuánto me ha costado?” Estamos entonces ante un factor de competitividad social. De esta manera, nos engrandecemos mostrando a los otros lo que hemos obtenido por poco dinero, y además aumentamos nuestro status social.

Evidentemente, otro de los factores que nos llevan a consumir productos rebajados, es el de la presión social y la publicidad. Estamos sometidos a un sinfín de estímulos poderosos que nos llevan de manera inconsciente a sacar la billetera. Por una parte, todas estas estrategias nos llevan a pensar que ahorramos en un producto determinado, sin darnos cuenta que a menudo empleamos el dinero ahorrado en otro/s y acabamos gastando más cantidad. Por otra parte, cuando vemos los artículos muy baratos pensamos que es una gran oportunidad que no podemos dejar escapar y de esta manera, nos fijamos más en el hecho de no perder esa ganga que en preguntarnos si realmente la necesitamos.

Premiarnos con un regalo es siempre algo deleitoso, pero si encima lo hacemos por un precio más que asequible entonces el deleite puede ser tremendamente potente, creando así una gran excitación emocional.





En resumen; un precio que marca $199.99 nos acerca más a los cien pesos que a los doscientos. El hecho de obtener ese producto nos aporta una sensación de éxito ante los demás. Que el producto sea barato es más importante que el objeto en sí y que caiga en nuestras manos nos activa en el cerebro una sensación de placer indescriptible.

jueves, 17 de noviembre de 2016

“HOY ME HE LEVANTADO LLENO DE ENERGÍA”...... ¿Qué le pasa a nuestra energía psicológica?







Hoy me he levantado lleno de energía” decimos, algunos días por la mañana. Otros en cambio, todo y habiendo descansado, nos sentimos vacíos de esa fuerza que genera el impulso, y nuestra concepción es totalmente opuesta. Un “hoy no tengo energía” se apodera de nosotros con insensatez. En otro campo pero del mismo modo, hay gente que parece quitarnos todo el acicate habido y por haber y sin ir más lejos sentimos que “esa persona nos roba el ánimo”. Contrariamente hay otros individuos que nos dan vigor, brío y resistencia. ¿Qué es entonces la energía psicológica? ¿Qué nos la quita? ¿Qué nos la recompone? Y ¿Qué o quién nos la prolonga?

De manera muy breve podemos decir que la energía es una capacidad, una fuerza y que su poder lleva a la acción física o mental. Desde el punto de vista psicológico, podemos entenderla entonces como una motivación. Esto es; si nos sentimos enérgicos actuamos con ánimo de logro. Si por el contrario nos sentimos sin esa fuerza, nos invade el tedio y la desgana. Pero ¿cómo se explica esto desde la psique?

La escuela psicoanalítica pone énfasis en el desarrollo de la energía mental. Ésta es considerada el propulsor de la vida psíquica (como transformación de la energía física) Ello quiere decir que todo acto que ocurre en la psique se da gracias a esa energía. Es interesante la visión de Jung, quien postula que la energía engendra los procesos psíquicos y a su vez está regida por el principio de los opuestos (paz-guerra, amor-odio, frío-calor…). Es decir; el conflicto que opera en la persona genera la energía psíquica y contra más opuestos sean los contrarios más energía psíquica existe.

Lo relevante de su teoría son los “movimientos” que otorga a dicha energía psíquica. Hay dos; los de progresión (que van del inconsciente hacia el mundo exterior) y los de regresión que van de la conciencia hasta el inconsciente. Si avanza hacia fuera habrá jubilo, si retorna, es porque habrá dolor y será reprimido. Esta hipótesis me parece acertada y se asemeja a lo que nosotros denominaríamos energía (como motivación) y desgana como tedio.

Por otra parte, los seres humanos somos materia, o sea que también nos cargamos de energía y la transmitimos. Quizás esto explicaría la razón por la cual alguien es capaz de absorbernos intensamente sin si quiera ser conscientes a veces de ello. Las quejas recurrentes, los autoreproches, las discusiones, las indecisiones reiteradas, y la autoexigencia desmedida, la ira, el rencor y el miedo también nos roban energía.

Contrariamente; ¿Qué nos la sostiene o la refuerza? Descansar, no postergar, escuchar a tu cuerpo, pensar en positivo, perdonar, amar, reír, compartir, quererse y autorespetarse, llevar una alimentación adecuada, alejarse de los tóxicos y ser coherente con uno mismo no solo nos lleva a la paz y satisfacción sino que también nos proporciona energía psicológica.







Ciertamente hay un componente físico. Si estamos cuatro días sin dormir nuestra energía será inexistente pero refiriéndonos a la parte más psicológica lo que está claro es que la energía nos da impulso para actuar y en consecuencia para sentirnos mejor. La ausencia de la misma nos lleva al cansancio, la inapetencia y a un estado anímico menos eufórico. Si proyectamos hacia fuera expresamos y sacamos, si engullimos hacia dentro nos bloqueamos. Del mismo modo, si alguien nos trae la dicha, nuestra energía se contagia de buenas vibraciones y si alguien te absorbe, nuestra fuerza decae. Ríe, enamórate de lo bueno, perdónate, aliméntate sano, minimiza lo malo, no exageres lo negativo, aléjate de lo que te intoxica… en definitiva llénate de vida y mantendrás siempre un dinamismo beneficioso.

lunes, 14 de noviembre de 2016

¡¡GRACIAS A DIOS ES LUNES!!... ¿Realmente el Lunes es tan tedioso?






Lunes y con él la vuelta a los quehaceres diarios para muchos mortales de la Tierra. Quejas, bostezos y frases de desánimo son los protagonistas durante este día con tan mala fama. Tanto es así, que son conocidos por todos, las citas graciosas que circulan por la red, sobre este día tan tedioso. Ahora bien; ¿Qué tienen en realidad los lunes? ¿Son de verdad tan insoportables como se dice o es solo un tópico típico que se pronuncia al vacío? Veamos…

En primer lugar, cabe decir que ciertamente los lunes, no es un día que nos ilusione mucho como seres humanos. Pero también hay que añadir que es una cuestión de percepción y vivencia. Si la semana a la que nos enfrentamos ha de ser dura, sin duda se da una anticipación psicológica que nos lleva al mal humor o a la apatía. De este modo podemos generar ansiedad u otros sentimientos no gratos para nosotros. Por otra parte, el hecho de que durante el fin de semana hayamos gozado de actividades personales placenteras nos deja poco motivados ante la vuelta a las obligaciones cotidianas laborales, estudiantiles u otras. Sea como sea, las investigaciones realizadas por los expertos es contradictoria.

Hay estudios que corroboran que el lunes se trata de un día desagradable por ser el que menos horas hemos dormido la noche anterior. El hecho de empezar la semana menos descansados, nos hace estar más irritables, peor concentrados, más faltos de energía (todo y que quizás hayamos estado relajados durante el fin de semana) y por lo tanto nuestra percepción del día nos genera sentimientos de apatía y tristeza. Sin embargo otras investigaciones, revelan que el lunes no tiene ningún secreto y que es un día como el martes, miércoles o jueves. El viernes, sí resulta distinto.

De manera contraria, otros estudios, aplauden este día tan fastidioso y aseguran que se trata del día donde se generan nuevos propósitos (como hacer dieta, dejar de fumar, ir al gimnasio...) con buenos resultados. Los expertos señalan, que es por tanto un día con mala fama pero con ventajas psicológicas a la hora de marcarnos metas.

A nivel psicológico, y tal y como apuntaba al principio del post, la relación entre el grado de bienestar o malestar con dicho día de la semana, está directamente relacionado con la percepción y vivencia que hacemos del mismo. Si por ejemplo no estamos bien en el trabajo, si tenemos que enfrentarnos a algo costoso o si se ha adueñado de nosotros la falta de motivación en algún aspecto relativo a nuestras obligaciones semanales, nuestra visión devendrá más negativa. Si por el contrario estamos satisfechos, disfrutamos con nuestros deberes y responsabilidades y nos enfocamos más a lo positivo que a lo negativo, el día lunes será irrelevante o menos desganado. Ciertamente por eso, al ser el primer día de recomienzo y al saber que queda por delante toda la semana, a nivel psicológico no nos deja tan contentos como el viernes.





En resumen; las investigaciones son confusas, todo y que la fama está hecha. La parte positiva es que es un nuevo día, una nueva oportunidad y no hacen falta etiquetas. Lunes o sábado o jueves; abrazar, ver a un amigo, aprobar un examen, conseguir un empleo, dar a luz o ser papá, reír, estar satisfecho contigo mismo, sentirse bien... ¿Las mejores cosas de tu vida siempre te han pasado en fin de semana?

sábado, 12 de noviembre de 2016

¿NOS TOMAMOS UN CAFÉ?... (La emoción psicológica que proporciona el café).






"La felicidad es una taza de café y un buen libro".


Negro, con leche, con azúcar… el café es único en aroma y gusto. Difiere en tonos y combinaciones y lleva aparejado costumbres, momentos y hasta necesidades. Es una sustancia de ingesta, casi obligatoria para muchos y hay quien se define adicto a la misma. Otros son fieles seguidores, fanáticos y entusiastas y por supuesto también está la minoría que lo desprecia. Sea como sea, esta xantina natural, despierta despertares en un porcentaje muy alto de la población y lleva asociadas creencias y efectos psicofísicos.

Amigo de cualquier mesa, el café se sirve y se toma con delicia. Protagonista de nuestros días, nos adentramos a él solos o en compañía. Psicológicamente está en lo social, pero también en lo individual. Hablemos de él ¿dónde reside su poder? ¿Tiene algo que ver su color y su aroma, o solo influye la toma?

Absorbida por la parte alta del intestino delgado, la cafeína, alcanza su máxima concentración entre los quince y los sesenta minutos después de su consumo. Su tiempo de vida es variado, hasta que se excreta en la orina, pasadas largas horas después de su ingesta. No se acumula en el torrente sanguíneo y tiene efectos estimulantes sobre el Sistema Nervioso Central entre otros. No en vano para los fumadores que acompañan su cigarrillo con una aromática taza de café, cabe saber que la cafeína aumenta los efectos reforzadores de la nicotina. De ahí es placer, casi inevitable en los adictos al tabaco.

A nivel psicológico, los estudios indican que la cafeína, tiene efectos sobre el humor, aumenta el estado de alerta y la autoconfianza. Por el contrario, un consumo excesivo puede producir ansiedad, insomnio, estrés, intranquilidad y hasta depresión. Su suspensión puede acarrear síndrome de abstinencia y puede conducir a la irritabilidad, mal humor y dolor de cabeza, aunque es importante mencionar que un consumo moderado no es malo para la salud. Más bien al contrario; diferentes estudios han aclamado las ventajas de su ingesta en cantidades prudentes. Hablamos por ejemplo de la estimulación de la memoria a corto plazo, beneficios en el sistema neurológico, reducción del riesgo de padecer diabetes, incluso se habla de que el consumo de café también reduce el riesgo de padecer varios tipos de cáncer.

Pero vayamos más allá. Las emociones juegan un papel importante a la hora de ingerir alimentos. El café no es menos y las investigaciones apuntan que la cafeína está asociada al placer, la actividad, la energía y la felicidad. Así como en el aspecto social se vincula con la actividad, la amistad, el afecto y la satisfacción, en el aspecto personal e individual se relaciona con la paz, la tranquilidad y el disfrute. El color por supuesto influye, aportando aquí una sensación de vitalidad pasiva, lo que induce a la paz y al goce.




En definitiva; la cafeína es la metilxantina con los efectos más potentes sobre el SNC. Su efecto se empieza a notar (como media) a la media hora de su ingesta y proporciona energía y alerta mental. En dosis moderadas es ventajosa para la salud y en dosis excesivas puede crear nerviosismo y estrés (en algunas personas). Al café y a su color se asocian emociones placenteras y es una sustancia ventajosa en el terreno social. Ofrecer una taza de café o quedar con alguien para tomar un café no es solo un tópico típico. Es algo que trasciende de la buena educación y que beneficia las relaciones sociales. ¿Quieres un café? Y con ello te estoy diciendo; ponte cómodo, te escucho, te acompaño o lo que es lo mismo, me apetece disfrutar de un momento contigo.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

“Son tus decisiones y no tus condiciones lo que determina tu destino...”





 “En esta vida no se tiene lo que se merece, sino lo que negocia”….

 “No basta con ser bueno y tener talento”….

¡¡QUÉ GRAN VERDAD!!


Con todo lo que he aprendido en carne propia, en talleres, conferencias y cursos de desarrollo personal y liderazgo, me queda claro que para obtener lo que deseamos, o lo que muchos llaman “alcanzar el éxito”, además de los títulos universitarios, de la perseverancia, de la constancia, esfuerzo y dedicación, son las decisiones que tomamos y las acciones que emprendemos con base a esas decisiones, las que nos llevan a vivir o no lo que deseamos. Es decir, lo que nos atrevamos o no a decir, a negociar, a luchar o a replantear.

Definitivamente, en gran parte, somos resultados de nuestras decisiones, tanto en el aspecto personal, en familia, con la pareja, con los amigos, compañeros de trabajo, como en el profesional, económico, de desarrollo personal, espiritual y demás áreas de nuestra vida. Muchas de las decisiones que de pronto le costaron trabajo tomar, le llevaron a ser quien es ahora usted y a obtener lo que ahora vive. También, muchas de las que no tomó o quizás no resultaron ser lo que usted esperaba, le han llevado a vivir también lo que usted es hoy y quizás por eso todavía no esté experimentando algunas situaciones que usted desea y que en su corazón siente que son anhelos que le serán concedidos. (Eso que usted siente que se le dará, no los caprichos del ego).

Pues bien, debemos tomar en cuenta que las decisiones, pueden llevarnos a lugares correctos o retrasar nuestro avance hacia a la meta anhelada. Inclusive las decisiones que consideramos equivocadas pueden llevarnos a lugares que ni imaginábamos podías alcanzar. Ahora bien, TODAS las decisiones, están basadas en las creencias que tenemos. Creencias que hemos aprendido del entorno, de la familia, los amigos, los hermanos, los padres, los profesores, de los medios de comunicación y demás influencias.

Las creencias son asociaciones que hacemos respecto a lo que hemos vivido o con base en las referencias de lo que los demás te han dicho que, por su experiencia, les ha sucedido, llevando a cabo o no determinada acción. El asunto es que esto es como las pastillas, hay quienes al tomar un medicamento les funciona y les elimina el dolor y a otros no les hace ni cosquillas. Por ejemplo, hay quienes asocian el ejercicio con la creencia de un gran esfuerzo, desgaste, tiempo perdido, cansancio y agotamiento, mientras que para otros el ejercicio es vida, plenitud, energía, actitud, mejor humor y cantidad de buenos significados.

Por eso, cada quien, debe atreverse a vivir su propia vida y tomar las decisiones que desea y que supone son las más convenientes basadas en su propia y única experiencia o en sus deseos, que por más similares que sean a los de otros, al ser todos únicos e irrepetibles, nunca nadie tendrá la misma experiencia de vida, sentimientos ni emociones desde nuestra perspectiva.

Hay que tomar en cuenta que las personas son el resultado de sus experiencias y basados en las mismas dan sus pasos a través de las creencias. Cuanto más aprendizaje tengamos, es decir, experiencias de prueba y error (porque de los errores se aprende) más posibilidades tenemos a la hora de elegir, de tomar una decisión. No es lo mismo alguien quien llegó a un puesto ejecutivo o de director gracias a influencias en días, que alguien que ha tenido que aprender en años abrirse paso para que se le otorgue esa responsabilidad. Entre más consideraciones tomemos en cuenta a la hora de una decisión, tendremos mayor rango de posibilidades de acertar, más seguridad y demás.


Las creencias o nos impulsan o nos limitan…
Por ejemplo una de las creencias que a muchos limita hacia sus metas por muchos años es el no hablar ni negociar lo que desea obtener, creer que las personas tienen que ver en ellos lo que quieren y/o desean y entonces, como la gente no es psíquica, no se da cuenta. Y luego se aprende que ‘si no hablas, si no negocias, no llegas a donde deseas’.
Otra creencia… para muchos sin darse cuenta asocian que para obtener dinero tienen que prácticamente vivir para trabajar, tener varios trabajos y sin horas para ellos y no al contrario. Entonces se parten literalmente el lomo por aquí y por allá de sol a sol para poder generar lo que luego comprenden que podía generar en un solo lugar, tomando la decisión de así hacerlo.


- ¿Cuántas creencias tienes que pueden estarte limitando a la hora de avanzar en la toma de tus decisiones? (Si no te gusta lo que encuentras, al analizar esta pregunta las puedes cambiar). El chiste es encontrar y comprobar si las creencias que tenemos suman o restan a nuestro favor, si nos impulsan hacia nuestras metas o más bien nos limitan. Piensa ahora mismo en unas 6 creencias que te han limitado en los aspectos de vida que son importantes para ti.


-Piensa ahora en unas 6 creencias positivas que te pueden llevar obtener lo que deseas:


-Dedícate ahora a trabajar en reemplazar las creencias limitantes para dar los pasos hacia tus metas de una manera más segura.


Algo que funciona o que por lo menos a mí me ha funcionado y te lo comparto porque quizás, simplemente quizás, pueda ayudarte… es pedirle a Dios, a la vida, al Universo, al Creador, a la fuente, a mi intuición, que me de las señales de si eso que deseo es bueno para mí, que si la decisión, que considero tomar estará bien para mí me abra las puertas me de las señales y es impactante la manera en que te deja ver si es adecuado o no. Siempre pido que se me den los recursos, se pongan en mi camino las personas necesarias, las condiciones y sucede eso y más. En otros momentos, todo indica que mejor espero porque la decisión debe ir por otro lado, que debo replantearme el asunto.

Ante todo, recuerda que:
-Las decisiones de Dios son misteriosas pero siempre a nuestro favor. Así que todo nos ayuda a llegar a donde deseamos o a obtener más.

-Bien dicen que al final de tu vida lo que más lamentarás serán las decisiones que por miedo o indecisión dejaste de tomar. Aún estás a tiempo. ¡Hazlo! Atrévete a tener algunas experiencias que has querido tener y que no has realizado. Cambia tus creencias, que no te limiten, que te impulsen más bien. Si dominas lo que sientes, estás capacitado para tomar decisiones correctas.

-Las decisiones son muy importantes como para librarlas al azar. Evita entones, tomar decisiones basadas en emociones inestables, mejor tomas distancia, respiras, y cuando estés en calma, razonas y consideras lo mejor para ti, basado en tus deseos, anhelos y análisis no en lo que los demás te digan que sucederá o no. Por favor, no permitas que nadie tome decisiones por ti, haz lo que creas correcto, confía en ti.

-Eso sí, toma en cuenta que siempre para triunfar, es bueno seguir los pasos, los patrones, consejos, de quienes ya lograron lo que tú, lee, infórmate, investiga sobre qué hicieron y cómo lograron quienes han triunfado en lo que deseas, para llegar a donde están.

-Muchas personas dicen que los actos y decisiones dejan saber qué clase de persona eres. Recuerda que lo más importante es que tú sepas quien eres. Y no olvides que no es la decisión sino lo que actúas, lo que ejecutas al respecto lo que hará el cambio en tu vida.

-Todas las decisiones al inicio son buenas, es hasta después que muestran los resultados si lo eran o no. Si no resulta como deseas y de pronto la vida te dice que eso fue un error, haz que tus errores te sirvan de lecciones para tus próximas decisiones. Ve todo positivamente, no te encajes en lo que no sucedió como deseabas o en por qué  te sucede a ti. Ten muy presente además que a veces las decisiones equivocadas nos llevan a lugares adecuadas. Busca el lado bueno y haz como el GPS que si tomas por otra calle, reconsidera la ruta para llevarte a tu destino.

-En el campo sentimental, recuerda que una buena pareja toma decisiones pensando en un “nosotros”, no en el beneficio individual.

-Jamás juzgues las decisiones de los demás, si no conoces sus razones.

-Las buenas decisiones vienen con la experiencia. La experiencia viene de tomar malas decisiones... Así que errar es de humanos, no te detengas ni gastes energía en juzgarte, la vida es corta y es mejor seguir adelante. Cambiar tus creencias es básico.

En muchos libros, textos y en internet, abundan consejos a considerar a la hora de tomar decisiones. Te dejo con estos 5 consejos que he leído como superación personal:

1.     Al momento de tomar alguna decisión, olvídese de cualquier tipo de temor a fracasar, recuerde que el peor fracaso es el no intentarlo nunca, por eso espere siempre lo mejor y arriésguese a triunfar sin pensar en las consecuencias negativas.

2.     Enfóquese en observar detalladamente cada una de las opciones que tiene, analice cuál de todas es la opción que más le conviene y póngala en marcha sin ningún temor.

3.     Escuche consejos de las personas que le rodean, pero a la hora de tomar decisiones finalmente procure escuchar siempre su corazón, la persona que hace lo que realmente ama, indiscutiblemente logrará sus objetivos.

4.     Cuando se tienen varias opciones para decidir es necesario reducir el número de estas escogiendo solo las más productivas, para que de esa manera se facilite tomar la decisión correcta, recuerde que el tener muchas opciones en mente puede tender a perjudicarnos.

5.     Se debe tener siempre presente que difícilmente se podrá estar 100% seguro de la decisión a tomar, por lo tanto si las cosas no salen como se imaginaba en un principio siempre se tendrá la oportunidad de cambiar de parecer.




Ten presente que siempre, cualquier decisión es beneficiosa. Si vemos el lado bueno de las cosas y qué quiere la vida que aprendas de eso, sacarás el mayor de los provechos. ¡Haz que tus decisiones valgan la pena!


Y recuerda: ¡¡Sonríe, agradece y abraza tu vida!!


Sobre todo: ¡¡A despertar a la vida, gente!! Para VIVIR.

lunes, 7 de noviembre de 2016

"¡¡NO ME INTOXIQUES!!"…. LA IMPORTANCIA DE LOS LÍMITES EN PERSONAS TÓXICAS



¿Cuantas veces nos encontramos con personas que nos quitan mucha energía?
Para iniciar con este tema pondremos un ejemplo que quizás muchos nos podamos sentir identificados en algún momento de nuestras vidas.


Carolina hoy entra a la casa con paso lento. Se sienta, deja caer sus brazos y sopla. Parece emocionalmente agotada y exhausta. Seguidamente verbaliza que “no puede más” y me comenta que Mónica, su compañera de oficina, acabará con ella. Observo a Carolina mientras habla. Sus gestos, al apoyar el codo sobre la mesa y sostener su cabeza, indican una preocupación excesiva. Su voz alta, mientras relata de qué manera Mónica le absorbe las energías, denota impotencia y rabia. Está claro, Carolina trabaja con una persona que la desgasta de tal manera que la intoxica de manera psicofísica.

Me gustaría hablar de ciertas personas que por elección o imposición nos encontramos en la vida y que suponen una verdadera carga para nuestro bienestar emocional. Me refiero a aquellos sujetos que tienen la mala habilidad de intoxicarnos con su continuo comportamiento negativo. Hablamos de personas victimistas, inestables emocionalmente, chantajistas, manipuladoras, intrusivas, sin límite y/o con la incapacidad de responsabilizarse de sus actos buscando culpabilizar a quien está a su lado.

El caso de Carolina es muy común. A menudo, suelo encontrarme con personas que relatan ansiedad, agobio, malestar e incluso cansancio físico cuando se ve absorbida por este tipo de individuos. Sin entrar en los mismos y viendo la gran demanda que existe para ver cómo se puede lidiar con tales personas, me dedicaré a explicar qué podemos hacer para mantenerlos alejados, protegernos y practicar el autorespeto, como derecho que tenemos. Antes por eso me gustaría decir qué efectos causan en nosotros.

¿Qué efectos negativos causan las personas tóxicas?
No es raro que tras exponernos a relaciones que nos quitan vitalidad podamos sentir un descenso de nuestro nivel de energía, un bajo nivel de confianza en nosotros mismos, estrés y tensión. Por otra parte también es común encontrarnos saturados y cansados físicamente y puede haber sentimientos de angustia y depresión. La sintomatología psicosomática también puede estar presente.

La importancia de los límites.
No solo nadie tiene la culpa de las carencias y problemas de los otros, sino que nadie tiene porque acarrear con ello. Aunque esto es sencillo de entender, hay gente que de manera inconsciente y sistemática “vomita” en los demás todas sus incapacidades y malas gestiones emocionales, creando mucho malestar en quien las recibe. Para ello es importante tener en cuenta que solo nosotros vamos a tener que poner el freno, una vez hayamos identificado que esa persona nos resulta “dañina” para nuestro equilibrio psicológico.

Poner límites significa en primer lugar, entender que tenemos el derecho a defender nuestro bienestar. Los demás son importantes pero nosotros también y a veces olvidamos esto último cuando sucumbimos forzadamente a las demandas de alguien “desvalido” con su caótico mundo de emociones. Así que el primer paso es saber que merecemos respetarnos. Una vez tengamos claro que nuestra satisfacción también es importante, hay que ponerla en práctica. ¿Cómo? Estableciendo límites claros con la persona que intenta ejercer su presión hacia nosotros.

Reaccionar con agresividad no sería una buena estrategia. Debemos hacer uso de la asertividad para mantener nuestro espacio y que el otro sepa cuál es la frontera. Seamos amables al decir “ahora no puedo atenderte o estar por ti” diciéndolo con seguridad y firmeza. Utilizar la empatía para que el otro sepa hasta donde puede entrar también nos ayudará. Expresiones como “me gustaría pero no puedo ayudarte con eso” o “entiéndeme, no me apetece hablar de esto, ahora” nos refuerzan la autoestima y nos dejan en una posición de bienestar. Las personas que buscan la aprobación constante con un “todo me pasa a mí”, “siempre tengo la culpa” o “soy un desgraciado” nos invitan a estar pendientes de ellas. No debemos pretender “arreglarles la vida” ni hacerles entender que están equivocadas. Tan solo hemos de no dejar que eso nos impregne de amargura con frases del tipo; “creo que a todo el mundo nos pasan cosas” o “siento que lo estés viviendo así”.

Por otra parte cuando nos sintamos mal o incomodados debemos hacerlo saber. “no entiendo que quieres decir con esto, explícamelo” o “me he sentido incómodo con lo que has dicho” Hay que decir las cosas claras, con amabilidad y respeto. Por otra parte, hemos de saber que tenemos derecho a la intimidad y a ser respetados. Debemos evitar dar muchas confianzas y si sentimos la intrusión del otro, hemos de hacerle saber que está sobrepasando el límite.




En resumen; no podemos elegir cómo quiere vivir el otro, pero sí como queremos vivir nosotros mismos. Si sentimos la amenaza de que alguien está tambaleando nuestro equilibrio psicológico hemos de hacer uso de los límites con asertividad y sabiendo que tenemos completo derecho a preservarnos.